Gritar, aveces, es necesario. Pero hoy soy muda.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Algún dia.


¿A donde voy?

Me detengo, me siento en un tabique blanco que pretende
proteger un arbol y plantas, hay miles de tabiques que
siguen la orilla de la acera protegiendo arbolitos que
decoran el vecindario. Cierro los ojos, acto seguido
suspiro, respiro, quiero demasyarme, seis horas
antes de estar ahi sentada queria desmayarme, ahora
¿Que estoy haciendo? ¿ Que soy? ¿ A donde voy?
Algun dia alguien me juzgará por esto que hago,
algun dia voy a morir.

Tan amarillas.


Amarillo de todo, desde el sol a las estrellas,

de la noticia cuando murio la Luna, cuando

la muerte se apoderó de la Osa mayor.

Oh! tierna la lunara que murio en brazos
de la tierra, la separada de los cielos.


Amarillo de mis narizes y el olor a sal,
de las costas arenosas y el lejano litoral.
Amarillo de las flores enterradas, y los
gusanos
que calcomen sus esquinas.
Tan bellas, tan amarillas, tan mariposas.


Cuando el sol mató a mil Lunas y las mil
Lunas
están rotas. Tan rotas que no pueden
ni ver,
ni respirar, ni llorar más.

Robo intermedio entre el segundo del frío
y el casi invierno, pero muere. Tan amarillo
como ayer, como margarita en los margenes

de Poseidon y él para mi, también amarillo.


Amarillo como las escamas de mi pez,
como
la lluvia tal vez o los rincones de la
inocencia.
Eres amarillo de mi universo completo,

de mi amor, de las pupilas, de un vago

adios y de un beso a mitad.



En decadencia.



Entró y no veo nada, la luz está apagada
y no hay energía, no
hay voluntad.
Parece acabarse, se derrumban
los
puentes y nos asesina la
guerra.
No veo brillos de colores en el
cielo
y casi es año nuevo, no me
atrevo,
antes de eso prefiero morir.


Pero no me atrevo, tengo miedo
a
clausurarme, a elevarme,
a sentir.
Cierro un ojo y veo
algo que brilla
en el cielo,
pero cierro mis ojos:
nada quiero
ver porque tengo miedo.
Escucho un aereo, un piloto con voletos
al cielo, y quiero
subir, pero antes de,
caeré.

Detrás del espejo ni mi
reflejo, ni las
calles que
me llevan, ni los mapas,
solo las brujas y ojos
de botones negros.
Yo no soy nadie, soy idiota y no importo,

no pretendo, no deseo, no imagino,
no sé lo que digo...
Solo voy en decadencia.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Allende del Mar.

Se hundió.

Se va, se pierde, no vuelve... parece
leyenda entre gente incrédula.
Y yo me trago todo a la vista,
hasta la isla. Somos islas desconocidas
emergentes del mar con temor
a sus fieras, al Leviatán.

No hay navios a la vista, en esta era
de los debiles todos, hasta los dioses
se pierden.

Y si veo una luz que desde muy lejos
me indican el muelle a parar, creo
que se salvará y aun creyendo con fe,

Hay naufragos sin botellas, sin letras.


¿Qué puedo hacer Poseidon?
Si ni tu, ni yo, podemos traer de
vuelta aquello que se hundió.

martes, 15 de noviembre de 2011

A otros lugares.


Hay cosas que no se olvidan.


Que permanecen en la
memoria, en lo más
insoldable del alma.

Hay cosas que mueren.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Allende del Mar.



Y el faro ?

Te tengo, te tengo tan cerca
que te respiro.
No dejaré de
respirar si tu
perfume
perdura a mi.

Si quiero, si vuelvo a caer,

si a tus besos moriré.


Te dejó, te dejó tan lejos,
que parece
que mueres,
que desapareces.
No quiero, no quiero dejarte

como naipe al viento,
como
velero al norte.

Adios, quién lo dice, viajero

de tantos paises, de cosas raras,

estrechos lugares, húmedos de
aguas saladas y escamas.
Te pierdes, me pierdo, en el
segundo
eterno de volverte a mirar.


Comenzé mi busquedad pero
nadie
te trae de vuelta. Ni en el siglo
pasado,
ni el que nos espera,
para mi todo termina,
menos
tu recuerdo.
Sabes que te quiero.

No hay versos, no hay nada
que conquiste
mi materia como tú.
Ni las manos que aprientan
mis pechos,
ni la fiera de tu alma. Solo tú y no
sé quién eres.

Callaré lo que quieras, viviré, volaré,
cantaré
porque puedo, porque nunca
morí. Porque
estoy aquí,
esperando tu regreso a casa.


No hay luz, ni un resquicio de ella.
..

martes, 8 de noviembre de 2011

A sentirte.


Atascada en la marcha, del recuerdo
no me puedo mover, se cae, se vuelve
a caer. Después de levantarse, al azúl
elevarse, miro arriba, miro a la derecha
y allá muy a lo alto quizás este lo que al
mundo le hace falta para cubrir su
desnunez.

A la luz de vacios frascos y las mariposas
se escaparon, al norte quizás volaron.
Una lágrima y lloraron, y fuerte el viento
pero sus alas resistieron.

Lo sé, después de caer del cielo no queda
de otra, ni tulipanes, ni margaritas, ni
besos a media noche, ni rayos de luz.
Solo el segundo eterno de volverle a ver...

Su alma en las mariposas.



domingo, 6 de noviembre de 2011

Allende del Mar.



Una carta a Poseídon.

Miradme a los ojos que la noche
apenas comienza y la luna nos mira.
Arrancadme lo que aun me hace virgen,
y dejame morir.

Morir en tus labios.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Allende del Mar.

Arrancada.

De regreso a casa habrá luces
que te guien.

Andaluz en el año visiesto,
despacio como un zorro tras
el crimen perfecto, empieza
a llover.

El ambiente crepuscular en un
balcon declararia mi amor, como
en los tiempos del cólera para
que muera entendido.

Y como si en navio se despida,
desde un muelle yo esperaria.
La debida esperanza con ella
me atreveria a gritar, ¡Esta vivo!.

Desaparecido aquel naufrago,
húmedo de lluvia y muerto de
casi frio.
Le retengo en la memoria, la
imagen de un barquito con una
niña a bordo.

De vestido blanco y halo de luz,
un alma arrancada de las
margaritas.
No sopla el viento, hacia ninguna
parte, mirando yo el cielo buscando
algo.

Desprendida de raíz se llevó el
recuerdo de tardes crepusculares
y tazas de té. Detrás de un árbol
detrás de un adiós...

Y veo el faro.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Allende del Mar.



A mares y noches.

Los fluidos salados y calientes se
deslizan suave por su piel, por su
cuello, por su espacio sideral entre
sus pechos, sus diminutos pezones
morados me recuerdan las uvas en
verano antes de ser secadas por el
sol. Parecen cristales de frágiles,
melocotones de suaves, colocados
justo a la perfección, ella y sus risos
salvajes
se pasean por arenas frias, tiene
frio, me ha dicho abrigandose con sus
brazos. Vaga desnuda observando el
pácifico contando una historia en susurros,
-¿Qué piensas? Le pregunto.
Su mirada de estrella me dice mil cosas, y una
de ellas es la necesidad.
-En el faro. Me contesta.
Y mira la luna, sus pechos firmes señalan
el norte, el viejo horizonte de islas hundidas,
de mares y calaveras flotantes. Parece infierno
el mar en la oscuridad.
-¿Qué piensas?. Vuelvo a preguntar.
No dice nada, se sienta, reposa de su larga
caminata.
acto seguido de su ombligo saca una estrella,
pero marina, de su pelo caracolas y florecitas
amarillas. De ella emerge un olor extraño,
como a sudor y a nueces de palmeras, ella
es virgen como la naturaleza que la rodea.

Ella se queda allí y yo a su margen, esperando
a Poseidon. Pero aun me pregunto, si ya
tienes agua ¿ para qué quieres el mar?.